La rebelion de las legiones romanas

A la muerte de Augusto en 14 d.C., se rebelaron tres legiones acantonadas en Panonia (actual Hungría). En sus Anales, Tácito explica que el motín se gestó cuando el comandante aflojó la disciplina y las tropas se entregaron al ocio y la maledicencia.

 
Un soldado llamado Percennio, que en la vida civil había sido jefe de una compañía de actores, intentó convencer a sus compañeros de que debían aprovechar el cambio de gobierno en Roma para reivindicar sus derechos.
En reuniones nocturnas, Percennio hacía discursos en los que denunciaba las precarias condiciones de vida de los legionarios: con diez ases al día tenían que pagarse el vestido, las armas y las tiendas, y además sobornar a los centuriones para que no los maltrataran y les rebajaran las tareas.
Tras cumplir el período de servicio estipulado, todavía los obligaban a permanecer trabajando en el campamento, y cuando se retiraban les daban parcelas en "tierras remotas, pantanos encharcados y montes incultos".
Los legionarios debían exigir ahora que no se les descontara nada de su jornal, que los licenciaran una vez terminado su período de servicio, y que en el mismo campamento se les pagara el premio en dinero y no en terrenos de dudoso valor.
De la reclamación se pasó al motín, pero éste fue finalmente reprimido en sangre.

(Fuente: Historia National Geographic nº 104. Fernando Lillo Redonet)

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